Recital de dirección de Cook

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El Burgos se apoyó en la batuta de lujo de Cook para pisar virtualmente su primera  Copa. Con un buen base, una orquesta toca afinada. Justo lo contrario que le pasaba a su contrincante. El Bilbao Basket ha dirigido sus últimos pasos hacia la final del próximo sábado en casa ante el Gipuzkoa. Ahí sabrá si esta temporada va a ser una congoja como la que le llevó a la LEB hace tres ediciones de la ACB, o si tiene esperanzas para esquivar la segunda categoría. Tras dos victorias seguidas, ha protagonizado dos tropiezos que le dejan amargas sensaciones y algún aporte dulce. El Unicaja le demostró que está en otro planeta con respecto a su calidad y el Burgos, pues más o menos lo mismo. Dos fogonazos del equipo de Peñarroya desnutrieron a un equipo que tiene que hacerse más regular o lo tendrá en chino. Disputar un salto inicial sabiendo que un tercero te ha enviado a la zona de descenso no es plato de buen gusto. Es lo que hizo el Betis. Parece algo anecdótico, pero es una raya roja que es mejor no traspasar porque parece que quedas desterrado de la élite. Era cuestión de tempo y sucedió, la cosa es tenerlo claro y saber convivir con esa presión.

El Burgos castigó los errores de los bilbaínos. No es un equipo que se ande con lindezas, si hay que ir fuerte, se va, no mete manos blandas como los ‘hombres de negro’ que normalmente encuentran canasta, falta y tiro adicional. Dos Anjos marcó el inicio de partido, con esas personales suyas absurdas que luego el equipo va repitiendo. Brown metió dos triples y parece que tocaba su versión buena, desde lejos. Zyskowski acertó de inicio atacando por el centro y la defensa visitante era brillante. Peñarroya paró con un tiempo muerto: “Zyskowski debe ser el tío más rápido de la Liga”, gritaba a su gente. Mucha ironía envuelta en ese discurso. Les costó un rato largo enchufarse y se notaba en el número de rebotes: 5-10 en el primer cuarto, el primero en ataque tardó en abrazarlo 15 minutos. Aminu, otro temporero en Miribilla, mostró que es un jugador serio, aprovechable, con cosas buenas en ataque. Su llegada y ciertas lagunas que no deja de mostrar Huskic empiezan a relegar muestras

El Bilbao Basket tuvo momentos defensivos impresionantes, hasta que salieron Benite Horton y dinamitaron el compromiso. Empezaron a llegar los parciales, como un 15-2. O cinco puntos seguidos tras un triple de McFadden, robo y canasta de Kravic tras rebote ofensivo en otro lanzamiento del norteamericano con pasaporte georgiano. A todo esto, Cook llegó en su sexta asistencia a las 1.500 en ACB, y ya ocupa el puesto 15 en la historia de la ACB, en 277 partidos, casi a cinco pases de canasta en cada uno.

Miniotas tomó las riendas en el tercer cuarto. Con él en pista sufría más Horton. Cook seguía dan un recital de dirección: 77-64 fue la máxima renta a los cuatro minutos del último acto. Nadie podía con la potencia extrema de Rivero. Horton apenas actuó en el segundo tiempo por culpa de las faltas pero reapareció cerca del final. Siempre había un triple burgalés (16/33, casi un 50 por ciento, una salvajada) que clavaba la tapa del ataúd vizcaíno. Mumbrú seguía tocando teclas y probó con Kjajic, que estuvo muy valiente y metió un canastón agónico en el último segundo. En realidad, el técnico habría cambiado esos flashes por más regularidad de sus hombres principales. Se agarraron al partido como pudieron, con la defensa, pero no les llegaba. Es gente honrada, desde luego, pero con graves carencias. Rousselle, siempre líder, y Brown dieron la cara por si sonaba la flauta. Otro día será. El sábado se la juega.

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